- Somos nuestra memoria. Columna de salud mental.
- Por Psic. Boris González Ceja
En los consultorios psicológicos y en las salas de tribunales utilizadas como trincheras por agresores escuchamos con alarmante frecuencia a mujeres atrapadas en un laberinto emocional y legal.
Empiezan relatando desacuerdos de pareja o divorcios complejos y violentos, pero la realidad de fondo es más oscura: sufren violencia vicaria. Nos encontramos en un complejo momento donde las personas no han aprendido a separarse de común acuerdo (donde si tenemos casos de éxito), y terminan en relaciones necias.
En la tragedia clásica de Eurípides, Medea destruía a sus hijos para infligir sufrimiento a su padre, Jasón, de donde viene la violencia vicaria. Resulta insostenible que en el México actual se haya dado un giro criminal contra las mujeres y sigan viviendo bajo esquemas de sometimiento similar, respaldados por vacíos legales y lagunas institucionales.
Este concepto, acuñado en 2012 por la psicología y hoy reconocido en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en México, describe una de las manifestaciones más crueles de la violencia de género: aquella donde el agresor sustituye a la víctima directa y utiliza a las hijas e hijos (e incluso a las mascotas o el patrimonio) como herramientas para infligir el mayor dolor posible a la madre.
No se trata de un simple “conflicto entre padres”. La violencia vicaria opera bajo una asimetría de poder clara. Ante la pérdida de control directo sobre la mujer tras la separación o el divorcio, el agresor instrumentaliza a los hijos. Las dinámicas más comunes con las que se gesta y consolida este maltrato incluyen:
- Violencia económica y patrimonial: El impago o regateo cínico de la pensión alimenticia (pretender que una madre mantenga y saque adelante el regreso a clases de tres hijas con pocos pesos semanales) para asfixiar la autonomía financiera de la mujer.
- Manipulación afectiva e interferencia parental: El agresor siembra desconfianza, temor o rechazo en la mente de las infancias hacia su madre, fracturando el vínculo filial y poniendo a los menores en una posición de “rehenes emocionales”.
- Violencia institucional y litigio abusivo: El agresor utiliza el propio aparato de justicia mediante denuncias falsas, dilación procesal y juicios paralelos para criminalizar a la madre, contando muchas veces con la omisión o insensibilidad de autoridades sin perspectiva de género.
- Amenaza extrema e infanticidio: La advertencia constante de “te voy a quitar a los niños” o, en sus formas más trágicas e irreparables, el daño físico extremo a las infancias para asegurar el sufrimiento perpetuo de la madre.
La importancia del acompañamiento clínico y la prueba pericial
Frente a un agresor que manipula la verdad y satura el proceso judicial con infundios, las palabras en el tribunal no bastan: se requieren pruebas objetivas, rigurosas y con validez legal.
Para defender la custodia de las hijas e hijos, exigir la restitución de derechos y frenar la violencia vicaria, las madres necesitan dos pilares fundamentales:
- Acompañamiento psicoterapéutico especializado: Un espacio clínico seguro para sanar la culpa, reconstruir la autonomía emocional y adquirir herramientas frente a la manipulación del agresor, con psicólogos que sepan atender a sus hijos.
- Peritaje psicológico en materia familiar: Un dictamen pericial emitido por profesionales expertos, tanto psicólogos como psiquiatras, que documente formalmente el daño emocional, evite la revictimización de los menores, evalúe las competencias parentales y sirva como prueba contundente ante el juez de la causa.
Si estás atravesando un proceso judicial o sospechas que vives violencia vicaria, no estás sola ni indefensa. En nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras brindamos tanto la atención clínica especializada como la elaboración de dictámenes periciales para respaldar con rigor técnico y legal la seguridad tuya y la de tus hijos en México y Estados Unidos.

